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Los dientes no sabían cómo actuar / Carol Rodrigues PDF Imprimir E-Mail

Aquel día era tarde. Aún mentía su edad en el bar la identificación fotocopiada de un número recortado y colocado con pinzas. Aún pedía al padre déjame tomar el camión te juro que no hablo con nadie. Aún se iba de pinta de la escuela o del ballet o inglés para papalotear de día. Pero sentía que era tarde.
      Para los padres iba a dormir con Elisa Martinelli. Pero en la mochila, entre la pijama y el uniforme, se estropeaba un vestido aglobado. Y el camino fue tortuoso y un taxi para el baile sin padres en el terreno de André Castilho. Dos semanas atrás, cuando él abrió una raja en el peinado de hongo marcando con mousse una raya McDonald’s, ella pasó del topcito deportivo mediano. Fue de compras con la prima a escoger. Un vestido púrpura con encaje y piedras brillantes.
      El baile siete con nueve era ya de música lenta. Eran chicas y chicos alineados en grupos frontales. Pero Patrícia de Paiva fue más rápida y acordó con André Gutierrez, el mejor amigo de André Castilho, que era con él, Castilho, que iría a bailar Patrícia. Y la chica de pechos forjados en brillantes cayó con Zé Geraldo muy flaco muy de frenos hace tanto tiempo y los dientes, malcriados, no se querían juntar. Al final de Bon Jovi entró Shakira hola hola gracias a dios cada uno por su cuenta las chicas tremendos culos. Los chicos mordiendo los labios, Hay cerveza ahí apuntó el dedo flaco y curvado tan largo Zé Geraldo. Una lata abierta y en la rueda alguien prendió un Goudang. El aroma a clavo y canela aflojaba los corpiños que pendían para acá y para allá metrónomo lento. Un trago buscado a lengua en el labio dulcecito ganas de besar, alguien dijo. Ensalada mixta, pero ya. Sí, ahora, mis padres regresan a las nueve, alertó André Castilho que tragaba el humo pescaba para enfrente calando las nubes que salían de las otras bocas.
      Pasaron peras y uvas hasta que alguien pidió manzana y alguien cambió el cd. El soundtrack de Matrix quedaba mejor. Hasta que la ensalada llegó y fue para quién, fue para la chica, y fue de quién, fue de André Castilho. La raya incólume abriendo el rostro a la vida y llegando al suyo medio cerrado, aún, por la raya recta que se arrepintió de cortar. Pero fue la lengua buscando lengua y los dientes sin saber cómo actuar el labio variando los trabajos entre la horizontal y la vertical. La diagonal también. Y alguien cambió el cd por el baile de la cuerdita, y la Patrícia ya se quitaba el cinturón y agarraba una punta (Júlia Pereira estiraba el brazo con la otra). Las rayas invirtieron papeles y las manos limpiaron excesos. Y fueron completos a pasar por la cuerdita.
      Y después que pasó el negrote y la rubiecita Patrícia de Paiva comandó el sonido y la danza cada vez más aeróbica los chicos sudando las chicas agarrándose el cabello en alto dando mucho trabajo al brazo libre. Hasta que un padre llegó, luego la madre, el portero reclamó, pasaron de las nueve, la luz se apagó y un aventón a casa de Elisa. El vestido aglobado vuelto a doblar la pijama puesta y el blush removido con jabón.
      Elisa preguntó fue de lengua estuvo chido él me tocó él dice que le gustas. Y la chica doblando el top morado en la mochila respondió que eso nunca lo voy a saber. Y se recostó en la camita de Elisa con Elisa y Elisa apagó la luz. Y debajo de la sábana vamos a jugar. Creo que hoy no. Y Elisa quería jugar si no no duermes más aquí. Y cada una bajó el short de franela hasta la mitad del muslo y la pantaleta también y cada una reposó la mano fría en la cosa caliente de la otra. Y se rozaron y apretaron y durmieron así, la pantaleta bajada.
      Al día siguiente en la escuela Marília Bitencourt vino a contar André Castilho y Pati Paiva echando novio mira allá. Y apuntó la uña mordida al centro de la cancha y retrasando el comienzo del partido una chica muy alta se curveaba para besar al chico de raya en medio.
      Y como no podía cambiar el cd del silencio para la mezcla de Brasil con Egipto la chica sin pechos corrió al baño sin correr. Y sentada entre la puerta y la taza deseó la muerte de los altos. Y de los ricos. Y de los atletas.
      Sacó la plumita de la mochila. Rayó en la puerta una P de Pati o de Puta y pasó el borde de la mano borrando, no era eso. Rayó una A de André de Avestruz y tampoco era eso. Rayó por fin aprovechando la P y la A borrados un Palo en el Culo del Capitalismo y podía ser.
      En casa el top las piedras tan ridículas de brillantes. Una por una a la red y el encaje arrancadas quemadas en el balde metálico. El vestido aglobado el mismo fin. Sin tener nada más que culpar ni qué hacer abrió un libro.

Traducción del portugués de Sergio Ernesto Ríos



 
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