Poemas / Hugo Ball

Gadji beri bimba
     gadji beri bimba glandridi laula lonni cadori
     gadjama gramma berida bimbala glandri galassassa laulitalomini
     gadji berl bin blassa glassala laula lonni cadorsu sassala bim
     gadjama tuffm i zimzalla binban gligla wowolimai bin beri ban
     o katalominai rhinozerossola hopsamen laulitalomini hoooo
     gadjama rhinozerossola hopsamen
     bluku terullala blaulala loooo
    
     zimzim urullala zimzim urullala zimzim zanzibar zimzalla zam
     elifantolim brussala bulomen brussala bulomen tromtata
     velo da bang bang affalo purzamai affalo purzamal lengado tor
     gadjama bimbalo glandridi glassala zingtata pimpalo ögrögöööö
     viola laxato viola zimbrabim viola uli paluji malooo
    
     tuffm im zimbrabim negramai bumbalo negramai bumbalo tuffm i zim
     gadjama bimbala oo beri gadjama gaga di gadjama affalo pinx
     gaga di bumbalo bumbalo gadjamen
     gaga di bling blong
     gaga blung
    
    
Karawane / Caravana
     jolifanto bambla o falli bambla
     großgiga m’pfa habla horem
     egiga goramen
     higo bloiko russula huju
     hollaka hollala
     anlogo bung
     blago bung blago bung
     bosso fataka
     ü üü ü
     schampa wulla wussa olobo
     hej tatta gorem
     eschige zunbada
     wulubu ssubudu uluwu ssubudu
     tumba ba-umf
     kusa gauma
     ba-umf
    
    
    
Seepferdchen und Flugfische / Caballitos de mar y peces de aire
     tressli bessli nebogen leila
     flusch kata
     ballubasch
     zack hitti zopp
    
     zack hitti zopp
     hitti betzli betzli
     prusch kata
     ballubasch
     fasch kitti bimm
    
     zitti kitillabi billabi billabi
     zikko di zakkobam
     fisch kitti bisch
    
     bumbalo bumbalo bumbalo bambo
     zitti kitillabi
     zack hitti zopp
    
     treßli beßli nebogen grügü
     blaulala violabimini bisch
     violabimini bimini bimini
     fusch kata
     ballubasch
     zick hiti zopp
     El literato (1)
     Vauvert yo soy, el gran ilusionista.
     Cientos de flamas circundan mi vista.
     Yo me arrodillo en altares de arena,
     Astros violetas adornan mis prendas.
     El tiempo de mi boca se desprende,
     mis ojos y oído a los hombres aprehenden.
    
     Soy del abismo del falso profeta,
     que tras las ruedas del sol parapeta.
     Del mar invocado en cuernos de furia,
     vuelo en el vaho de rezos de injuria.
     El tímpano impacto en duro sonido,
     cascadas de cadáveres yo cuido.
    
     Soy el secreto de herejes burlones,
     un rey de vocales y fanfarrones.
     Hysteria clemens canté sin desveno,
     en cada figura del desenfreno.
     Un poeta, guasón, un literato,
     siembro palabras, falaz arrebato.
    
    
     Hugo Ball (Pirmasens, 1886-San Abbondio, 1927) intuyó con frecuencia el caos, ya como límite, ya como terror: como posibilidad. Su trayectoria vital, llena de convulsiones, lo llevó de ser el joven y crítico filósofo en el sur de Alemania a convertirse en poeta y actor de teatro en Berlín, luego autoexiliado, a fundar el dadaísmo en Zúrich y terminar sus días convertido en católico, crítico de la cultura alemana. Entre los agitados virajes algo permanecía como una llama: cierta energía comburente que lo hacía cuestionar, ya fuera desde el pensamiento crítico, ya desde la poesía, el andamiaje de la sociedad y la cultura de su época, que acusaban agotamiento y decadencia profundos. Se requería una acción de abismo para transformar el rostro de la vieja Europa: un jadeo anterior a todo orden, un grito recreador. Para 1915, el aún idealista Ball no lo concebía bajo el concepto de «caos», como apunta a propósito del anarquismo en sus Diarios: «He examinado mi conciencia cuidadosamente. Nunca daré el caos por bienvenido, ni haré saltar puentes por los aires, ni derogaré conceptos. No soy un anarquista» (2). Para 1926, después de la inmensa aventura del dadaísmo, en el ensayo «El artista y la enfermedad del tiempo», establece ya la ignición vanguardista: «En tanto intente [el artista] llegar al fundamento de la Naturaleza sin creer en la figura del Creador, de acuerdo con la prevalencia de sus emociones o de su intelecto, se verá colmado bajo un Caos proteico o una abstracción geométrica» (3).
     Ball nunca estuvo más cerca de la abstracción geométrica que cuando escribió «Kandinsky», conferencia de 1917 en la que analiza con peculiar fidelidad la obra del ruso; y nunca tan cerca del Caos proteico que cuando creó, en 1916, los precursores poemas fonéticos [Laut- und Klanggedichte, en alemán]. Se compartieron por vez primera en un acto del Cabaret Voltaire, por un Ball en un excéntrico atuendo de cartulinas metálicas, que lo hacían lucir «cual un obispo mágico» (4). Esta idea aparece también en otro lúdico poema de Ball que aquí se incluye, «El literato» (1922), donde la figura del poeta se describe, no sin profunda ironía, como un chamán, un prestidigitador de palabras, un falaz arrebato (5).
     Concebidos bajo la potencia y lo lúdico del espíritu dadá, pensados para acontecer en un decir enrarecido y no en la lectura, los poemas fonéticos sondean un estrato abismal de la expresión, anterior a la representación y a cualquier jerarquía —categoría— del lenguaje —es decir, a toda voluntad de dominio a través de la palabra. Aun cuando «Karawane» emula la errancia de una manada de elefantes, estos poemas intentan acceder a un momento anterior, incluso, al planteamiento del enigma poético que proviene del oráculo. Juego puro, quizá la única explicación al ser y al ser del poema. Defasadas antes de cualquier significación, las vocales y las sílabas apenas se unen para formar unidades mayores, cúmulos sonoros seguidos de silencio: una música y un ritmo cuasi primitivos que buscan transformarse proteicos, heraclitianos, en cada imaginario.
    
     Daniel Bencomo
    

(1) Der Literat
Ich bin der große Gaukler Vauvert. / In hundert Flammen lauf ich einher. / Ich knie vor den Altären aus Sand, / Violette Sterne trägt mein Gewand. / Aus meinem Mund geht die Zeit hervor, / Die Menschen umfaß ich mit Auge und Ohr. // Ich bin aus dem Abgrund der falsche Prophet, / Der hinter den Rädern der Sonne steht. / Aus dem Meere, beschworen von dunkler Trompete, / Flieg ich im Dunste der Lügengebete. / Das Tympanum schlag ich mit großem Schall. / Ich hüte die Leichen im Wasserfall. // Ich bin der Geheimnisse lächelnder Ketzer, / Ein Buchstabenkönig und Alleszerschwätzer. / Hysteria clemens hab ich besungen / In jeder Gestalt ihrer Ausschweifungen. / Ein Spötter, ein Dichter, ein Literat / Streu ich der Worte verfängliche Saat.

(2) Las citas de los diarios de Ball provienen de La huida del tiempo (un diario), traducción de Roberto Bravo de la Varga (Acantilado, Barcelona, 2005).

(3) Tomado de Der Künstler und die Zeitkrankheit, de Hugo Ball (Suhrkamp, Fráncfort, 1984). Disponible en www.zeno.org. La traducción es mía.

(4) De La huida del tiempo (un diario).

(5) Las versiones originales de los poemas fonéticos, así como «Der Literat», provienen de Gesammelte Gedichte (Verlag der Arche, Zúrich, 1963). Disponibles en www.zeno.org.
    

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